La Beca, novela de Mario César Restrepo Velásquez es por definición una novela colombiana.

Reseña del libro la beca

La Beca, la novela de Mario César, la utiliza en la primera acepción de la RAE: Rolando Avirama Ocoró, “[…] indígena nasa de genética racial híbrida con abuelo afrodescendiente, color melanina oscuro y ascendencia paterna paez, nasa y guambiano”; “Leyder Mena, joven de raza negra, diez y nueve años de edad, descendiente de cimarrones legítimos” y Mariano Muchavisoy, indígena inga de veinte años, habían ganado una beca para estudiar inglés en la lejana India, país del Taj Mahal y de un oceáno de gente de más de mil millones de habitantes. El tiempo de la novela es el año de 2007.

Los jóvenes se encuentran en la Capital y ese encuentro hay que verlo, no como el encuentro de tres personajes protagónicos, sino como de tres culturas que se juntan en una ciudad y en un aeropuerto que teje, como una ruana multicolor, todas las culturas que los valles, las depresiones y las alturas dejan florecer en un país múltiple, heterogéneo y, por ello, sugestivo e interesante.

Eso es la novela, la posibilidad de hallar sucesivos paisaje y encuentros, solo explicados por la diversidad cultural. Allí se generan las tramas que, a través del libro, suceden en un ir y venir de acontecimientos.

Pero no solo de culturas que conviven en el paisaje hermanado de Colombia. Es el encuentro con una cultura lejana que nos va descubriendo, poco a poco, como corriendo un velo, el desfile de indumentarias y vestidos drapeados al estilo del sari femenino o el dothi masculino.

Ese encuentro se da en un largo viaje intercontinental. De allí la riqueza, en la novela, de paisajes y personas.

Ello explica, también, la aparición de un río de términos y vocablos que el lector empieza, con facilidad a navegar. Remará, leerá pasando su vista por la Nueva Delhi y claro, por la Vieja Delhi, por el Gran Bazar y pronto las palabras nuevas tomarán vuelo: karma, bindi, bhang, abdul, en fin.

Creo que vale la pena pensar una tesis del, también, manizaleño Silvio Villegas. En alguna oportunidad El Leopardo decía que hasta escribiendo de agricultura se puede hacer poesía. En el caso del novelista y de nuestra novela, quiero decir que en Mario César y en su novela La Beca, el lector encontrará buenas metáforas, metonimias y excelentes comparaciones.

Rememos por algunas de ellas. Describiendo una mujer moribunda, el novelista nos dice “Se presentía su conversación con la muerte, que pronto habría de alcanzarle, quizás al final del recorrido sin rumbo”. Refiriéndose al Sol nos dice: “El Sol no asomó ni a calentar su temores”. Y en relación con un diálogo dice: “Le respondieron con el único idioma común de toda la Humanidad, con el lenguaje del corazón”.

Esta novela, hecha con poesía, trama, descripción y relato del bueno le fue naciendo, poco a poco, a Mario César Restrepo Velásquez. Él es su autor.

Lo conocí por intermedio de un querido amigo, mi alumno, de todos los tiempos, Wilmer Chávez. Él, que conoce mis delirios por la edición de libros, al pasar por Bogotá, vive en Canadá, me llamó para decirme que había un autor y una novela que estaban en busca de editor. foto-mario-cesar

Mi comunicación con Mario César fue inmediata. Por su voz supuse que no era de Bogotá. Que sus pasos andaban los territorios paisas. Que por lo menos había un carriel y un bambuco merodeando  al escritor.

Así fue. Supe que a los cinco años llega a Manizales de la mano de su familia que había decidido transitar los 52 kilómetros que los distanciaban de Aranzazu, donde el niño había

Nacido masticando el abecedario de las buenas palabras.

Supe que, al igual que muchos otros poetas, como Luis Vidales y el mismo León de Greiff, era profesional en carreras que aparentemente no se nutren de la metáfora, ni de la metonimia. Supe que era contador. Además, especialista en Finanzas Públicas.

Me dijo, también, que era un encarnizado participante en concursos literarios. No me dijo cuántos había ganado, ni aún se lo he preguntado. Lo cierto es que, creo, que con la publicación de La Beca, se gana el mejor de los concursos, el concurso de su público lector a una obra que, de seguro, la llevarán a todos los rincones de sus destinos. Eso me parece maravilloso.