EL PICADOR COLOMBIANO ANDERSON MURILLO UNA HISTORIA DE ORO Y PLATA

El Mundo del Toro Recuerda a Anderson Murillo en su Aniversario

 

 

Por: J.J.VALENCIA

 

El picador monteriano, Anderson Murillo, hizo historia en las principales plazas del mundo por su coraje, su ímpetu y su valor. Al final de tan duras faenas taurinas, debió lidiar un cáncer de medula que terminó con su vida un 29 de junio del 2019 a la 01:15 de la madrugada. La noticia corrió por las redes sociales. Los medios de comunicación no dieron espera. Recuerdo que el crítico taurino don Manuel Moles de la cadena Ser, fue uno de los primeros en anunciar, sobre las 8:30 de la tarde del 28 de junio, lo que para el momento era una falsa noticia. Las redes sociales se precipitaron a hacer eco, corriendo como corren las malas noticias. Don Manolo se disculpa… pero horas más tarde se dio a conocer la realidad del deceso del profeta a caballo: “Anderson a muerto”. Una noticia que marcó el mundo del toro en el festejo dominical. En la Plaza de Toros de la Ventas se lidiaban toros de la ganadería de Partido de Resina y San Martín, el segundo Bis con un cartel de confirmación de alternativa del torero de Colmenar Viej, Miguel de Pablo, Sánchez Vara y el francés Mac Serrano, cuando se dio un minuto de silencio. Un minuto de silencio siguió por esos dias en las plazas del mundo donde se celebraban festejos taurinos. Muri” nació un 1 de Marzo de 1945 en las sabanas de la costa atlántica colombiana. Anderson Anacrionte Murillo Arteaga fue uno de los picadores colombianos más resaltados de la torería mundial. Cursó sus primeros años de escuela en su tierra natal Montería, Córdoba. Fue bautizado en tierra de vallenatos, folclor, pachanga y ganado criollo. Zona de levantarse temprano a ordeñar, de gente trabajadora y ante todo aficionada a los toros bravos, relucidos en sus tradicionales corralejas.  Anderson Murillo que quiso ser boxeador,  por razones económicas  se desempeñó como lustrabotas. Años después, influenciado por su hermano medio, Melanio Murillo Machado,  “Mela”, se lanzó a soñar con la ilusión de ser picador de toros. Hablando del otro murillo, de Melanio, podemos decir que fue un gran picador en el territorio colombiano. Siempre estuvo a las órdenes de grandes figuras del toreo como Pepe Cáceres, Curro Romero, El Cordobés, Paco Camino, entre otros. Melanio fue conocido por su carácter, un hombre que se ganó el respeto por su recia forma de ser, hasta el momento de su muerte en el año 96. Anderson crece en numerosa familia con doña Etelvina  su mamá, y hermanos: Eliana Murillo, Gamaliel Gutenberg Murillo, Luz Mila Cecilia Murillo Arteaga,  y Emerson Alejandro Murillo Arteaga, quien también llegó a ser matador de toros. Es pues, una familia con carácter taurino y ante todo con disciplina. Después de la muerte de su padre, más exactamente el 3 de octubre del 65, a Anderson Murillo se le cruza por su mente la posibilidad de salir de Montería. Melanio, su hermano, le insistió en viajar a la capital colombiana, Bogotá D.C. Tras hacer maletas y antes de aceptar consejos, otros vientos lo desviaron. Viajó primero al circo de Caracas, donde vivió grandes experiencias al lado de los hermanos Girón. Manejó la cuadra de caballos de dicha plaza, siendo hombre de confianza en la torería venezolana. Allí se dio a conocer por toreros, empresarios y ganaderos, hasta que logro viajar a España a bordo de una embarcación de la Flota Mercante Gran Colombiana.  Al término del trasiego de altamar, arribó a puerto valenciano.  Encontró una España aún Franquista, en la que uno de los personajes y estrellas más importantes eran los toreros y el papel cauché. En ese 1971 se logró posicionar al lado de toreros que estaban haciendo campañas en las diferentes plazas de la península ibérica como El Puno, Jorge herrera, Enrique Calvo “El Cali”, Rafael Gómez “El Pollo”, Joselillo de Colombia, entre otros. Así tuvo su inicio en España, como torero a caballo. Fue un hombre con disciplina deportiva, constante con su labor profesional. Hizo que su carrera fuera cada día más intensa, fijándose en los mejores profesionales del toreo.

“Muri”, como le decían a Anderson en el mundo taurino, se destacó por su carácter, una personalidad que siempre dejó en los ruedos. “Muri” con más de cuarenta y cinco años de profesión dejó a Colombia en todo lo alto por su altivo empeño. Fue un hombre coloquial y de humor. Como todo buen costeño, cuando compartía con sus amigos bromeaba, todo era en risas. Recuerdo la perdida de uno de sus dedos de la mano derecha. Le gustaba el vermut y siempre hablaba nada más que de toros. Le gustaba largar, era sincero, era  amigo de los amigos, un hombre servicial. Después de torear cada tarde, “Muri” analizaba su desempeño con el toro y el de sus compañeros. La mentalidad que tenía era estar a la altura del compromiso, tratando de aventajar. En cada actuación si no salían las cosas como las planeaba se confrontaba; y si por algún motivo algún compañero no estaba en condiciones no se arredraba para decírselo de frente. Era pues de un carácter desaforado en el oficio, inclusive al paso de los años.

“Muri” se casó con Mary Rojas el 24 de marzo de 1979, fortificando el hogar con dos hijos : María Patricia murillo Rojas, la primogénita y Anderson José murillo Rojas.

El picador colombiano tuvo la oportunidad de estar en la cuadrilla de toreros de renombre como el maestro Julio César Rincón Ramírez. El diestro César Rincón lo recuerda por su profesionalismo y su dedicación, al concebir lo difícil que era encontrar a un picador que estuviera a la altura de los toreros de a pie. En su preparación física “Muri” se hacía fácilmente a la amistad de los ganaderos que, al entronizar tentaderos iba invitado su torero, el maestro Cesar Rincón. Para estar a su altura y exigencia en cada compromiso ponía una milla de más en su entrenamiento. “Muri” gustaba hablar del maestro Rincón por su disciplina y ante todo por su valor e inteligencia para colocarse ante cada astado que le correspondía en suerte cada tarde. “Eso sí que tiene mérito” decía refiriéndose a su maestro. “Muri” recordaba anecdóticamente con sumo agrado aquel viaje a México con el torero Julio Cesar Rincón, cuando recibieron la Invitación de Mario Moreno, “Cantinflas”. En esa ocasión, don Mario Moreno le regaló un par de zapatos, que lució con agrado y orgullo.

Después de muchos años toreando con quien fuera el número uno del mundo, el picador colombiano pasó a órdenes de Luis Francisco Esplá.  A partir de allí, la vida le cambia a Anderson Murillo Anacrionte Arteaga. En un San Isidro del 2001 fue muy recordado cuando levantó los aficionados del tendido de la Plaza de Toros de las Ventas. Esa tarde toreaba a órdenes del maestro Luis Francisco Esplá, un toro de nombre Bodegón Herrado con el número 139 con un peso 529 kilos de la mítica ganadería D. Victorino Martin. Ojalado, muy abierto de Pitones “cornipaso” segundo toro de su lote; caía esa tarde una leve llovizna o tintinea como también se dice en castellano, el picador colombiano se prepara a recibir a Bodegón el torero alicantino le deja el toro en su tercio y “Muri” pone una vara en todo lo alto y vuelve Esplá a colocar el toro. Repite “Muri”, mueve la cabalgadura cita el toro de largo y logra colocar un puyazo en todo lo alto y el público le premió con una fuerte ovación que le obligó a saludar desde el tercio. Fue una tarde donde el picador colombiano y el torero alicantino dieron la vuelta al ruedo para la historia. Un picador colombiano en una de las mejores presentaciones en la semana torista de ese San Isidro del 2001. Anderson Murillo se destacó llevándose los trofeos de esa feria como mejor picador. “Muri” no dejó de recibir felicitaciones de toreros y amigos esa noche; también le llamaron de otros países de la torería mundial, en especial de su patria, Colombia.

En diciembre del otoño del 2009 “Muri” y su señora esposa, doña Mary Rojas, salen de España a Bogotá a pasar unas cortas vacaciones. Al llegar por un inesperado quebranto de salud, doña Mary es internada en una clínica de la capital del país, falleciendo unos meses  después.  A Anderson le dio muy duro la partida de su señora esposa, su fiel amor que lo acompañó por 40 años.   Anderson logró pensionarse en España. Tenía un buen piso en la Sierra madrileña, precisamente en Galapagar donde terminó su  sosegada vida. “Muri” mencionaba permanentemente a la “comadre”, con la que disfrutaba de la vida en familia, a parte de sus amigos como don Diego Ramos, Ávila, un mozo de espadas colombiano, afincado en España , Juanito Márquez, mozo de espadas del maestro César Rincón, Martha Morales, la sastre, una paisa de corazón grande. También estaban en su baraja amigos y empresarios como el doctor Felipe Negrhet Mosquera, el padre de César Rincón, don Gonzalo Rincón, Alfonso Marín, Miguel Escobar, el federal don Pablo Vecera “El Calicá” y muchos más que se quedan entre el tintero.

“Muri” prepara su viaje para Colombia con planes de partir el día 27 noviembre de 2018. Pero el insospechado destino cambió al realizarse unos chequeos de rutina antes partir. El médico de cabecera encuentra algo que merece un análisis con mayor profundidad.  Siguiendo recomendaciones el 7 de noviembre se presenta en el hospital Puerta de Hierro de Majada Honda. A  partir de ese momento su vida comienza a cambiar. Al reconfirmar el diagnostico lo internaron de Inmediato. “Muri” vio pasar su vida vertiginosamente ante sus ojos. Se inundó en llanto, incrédulo del dictamen médico: cáncer de médula espinal. Siguiendo el protocolo hospitalario lo aíslan en la tercera planta oncológica por estar bajo en defensas. Inicia un tratamiento en la habitación 302. Psicológicamente, el tratamiento oncológico fue de hondo impacto al comenzar las quimioterapias y las transfusiones de sangre. Al mirarse al espejo observa el notable deterioro, las fuerzas no eran las mismas, percibe su pérdida de peso y caída de cabello. Aunque vive momentos de angustia, en lógica perspectiva, también tuvo chispazos de optimismo. Pensó salir de la difícil lucha contra el cáncer,  “el toro de lidia” más duro de toda su vida. Así pasaron 90 días, acompañado de sus hijos y de amigos y en especial de su amiga la doctora Elvira Gutiérrez. Al recibir el alta salió del Puerta de Hierro para descansar en su casa. Era época de invierno, en medio de la soledad de su viudez. Cada día más débil, la muerte lo seguía. Las defensas fueron bajando cada tres por dos. Tras pasar unos días en casa se complicó y de nuevo al hospital de siempre para no volver a salir.

“Muri” se fue dejando un gran legado como persona y como torero. En medio de la lucha de su fulgurante vida mostrando el tesón. Le echaba raza a todos sus empeños, fijándose en los ejemplos de vida cercanos para aventajarse. Tenía “casta bravía”. Era un hombre con una condición física de largas caminatas, con su amigo y torero Antonino Briseño. Un venezolano que lo entendía y le seguía sus caprichos. Le acompañaba en algunas salidas de campo, al camino de Santiago, caminatas por la sierra madrileña, entre otras.

“Muri” tuvo entereza hasta el último momento en que su vida se estaba apagando. No olvidaremos sus gestos, su manera de morir  en su debilitamiento paulatino hasta ese 29 de junio del 2019 a la 01:15 horas de la madrugada. El hombre que mostró el oro y la plata en los ruedos del mundo dejo de respirar. Hoy, lo recordamos en el panorama mundial taurino: Colombia, Venezuela ,España, Portugal, Francia, México, Ecuador, Perú. En el año 2004 en Shanghái, China, junto al matador Gabriel de la Casa, Empresario donde dejó impresionado al público por un fuerte tumbo que sufrió al caer del caballo.

Anderson Anacrionte Murillo Arteaga 1945 -2019  vivirás por siempre  en una historia de oro y de plata.